Reflexiones de un ciudadano: 002-LCEC-15-03-2010 A propósito de un correo electrónico que he recibido el pasado 12 de Marzo de 2010, con el único objeto de colaborar con la Administración que, normalmente, es incomprendida por la sociedad y nunca suficientemente valorada por la inquietud e interés que demuestra por disminuir los accidentes de tráfico, debidos en gran parte a la velocidad inadecuada de los vehículos y sin que, por supuesto, esta Administración tenga el ánimo o presunción recaudatoria, se me ocurre lo siguiente, una vez leído el correo que reproduzco a continuación: Reproducción del Correo ¡¡¡ OJO, MUY IMPORTANTE!!!
Los "Sacapasta" no cejan. ¿Quiénes serán? Ya desde hace años hay quien ha encontrado el chollo sacapasta: el de la seguridad vial, donde al parecer, en el Estado Español solamente existe el riesgo del exceso de velocidad. Lo demás riesgos, que los hay, parece que no cuentan. Por ejemplo y sin ir más lejos, ¿qué pasa con la creciente inseguridad ciudadana,? ¿vamos a negar la existencia de delincuentes peligrosos en la calle y en las carreteras, no solamente de la cantera (que ya sería bastante), sino que tenemos que adicionar además, esa piara de aquellos que parece nos vienen del Sistema Solar entero, por determinado efecto de llamada que prefiero no comentar aquí y ahora? ¿es que eso no cuenta.? Seguimos con lo de siempre: el mismo disco de la reinserción, los derechos humanos, y las demás cosas que la mayoría de los buenos ciudadanos, sabemos o nos imaginamos, pero que en definitiva no compartimos en determinados casos y, además, somos los que pagamos el pato. Ejemplos tenemos que no quiero recordar aquí y que han llenado de impotencia y desazón a determinadas y muy concretas familias, que han sido víctimas de esta lacra. ¿Que sucede también con el exceso de velocidad a la que se desplazan diversos y cuantiosos vehículos oficiales,? Eso parece que tampoco cuenta. Porque claro, el del excelentísimo X, Y, Z, etc., cuando son “cazados” (supongo porque no funcione el inhibidor de frecuencia instalado en sus vehículos) y posteriormente identificados, pues eso: van a más velocidad por motivos de seguridad personal o cualquier otra circunstancia que pueda ocurrírsele al “ocurrente oficial para estos casos” y, naturalmente, no hay denuncia y todos contentos. ¿Todos.? La seguridad vial en este caso parece que indica mirar para otro lado; pero.... ¿y la de los demás usuarios de las carreteras que pueden coincidir con ellos? Eso parece que tampoco interesa mucho. Pues, hablando de contar, yo si puedo decir que en las cuantiosas veces que circulo por determinadas autovías del Estado Español, en más ocasiones de las que quisiera me he encontrado en situación de riesgo debido al exceso de velocidad; pero no se piense mal, que yo procuro ser un ciudadano ejemplar que miro constantemente el velocímetro de mi vehiculo cuando circulo (supongo que esta situación obligada también entraña un cierto riesgo que tampoco cuenta), para no exceder la velocidad limitada por la norma correspondiente. La situación de riesgo a la que antes me he referido, no es por mi propia velocidad, sino por la de otro vehículo que, viniendo por detrás, como “torpedo culero” a una velocidad prohibida, se me echa materialmente encima por la “popa”, como si pretendiera pasar “sobrevolándome”, con el mayor desprecio hacia el otro conductor, que tiene la osadía de estar delante; posiblemente adelantando a otro vehiculo más lento que pudiera ser un autocar o un camión. Algunas de estas situaciones, a veces me hacen reflexionar sobre el tema de los controles de velocidad y hay que admitir la existencia de una gran inteligencia tecnológica, aplicada para el diseño y construcción de esta generación de máquinas capaces de detectar los excesos de velocidad producidos, identificación de los infractores, sanción y cobro de las cuantiosas multas que se generan, normalmente de elevada cuantía. La consecuencia inmediata, no se puede negar, ha sido el descenso de accidentes en las carreteras del Estado Español y un sustancioso incremento de pasta en las arcas de la Administración. Y, a este respecto, me pregunto: ¿a cuanto ascienden estos ingresos y a qué se dedican.? Realmente no lo sé. ¿A solucionar de inmediato los “Tramos de concentración de accidentes”, que no sea un mero cartel indicativo.? ¿A situar los controles de velocidad en lugares verdaderamente peligrosos, como son curvas, tramos de baja visibilidad etc., que presenten un verdadero peligro el exceso de velocidad,? ¿Por qué se tiene preferencia para colocar los detectores de velocidad, en lugares de las vías de circulación de tramos rectos, despejados, de excelente visibilidad, donde el riesgo mayor es el despiste del conductor relajado que deje de estar pendiente del velocímetro del vehículo que conduce.? O también, ¿Se emplea la recaudación de las multas de tráfico para comprobar y señalizar convenientemente las indicaciones que existen en las carreteras, que por estar mal puestas, equivocadas y/o escasas, inducen al error de los conductores.? Creo que en España no hay un solo conductor que no haya errado en su camino por culpa de los indicadores existentes en las vías de circulación españolas. ¡Sacapasta, oído al parche.! En mi reflexión como ciudadano sobre el tema aquí tratado, y dado el alto grado de competencia intelectual desarrollado por los “sacapasta,” a la hora de perseguir con éxito a los infractores demasiado veloces, se me ocurre proponer el estudio de otras máquinas que, en conjunción con los cinemómetros, cámaras fotográficas, sistemas de detección e información rápida, etc., actuales, bien pudieran propiciar un descenso aún más significativo en el número de accidentes en las carreteras españolas. Me refiero a unas máquinas aún por diseñar, que consigan detectar e identificar determinados comportamientos del denominado “animal racional”, cuando se pone cogido al volante de un automóvil, autocar o camión y, ¿porqué no?, asido al manillar o guía de una motocicleta, normalmente de alta cilindrada. Con la seguridad objetiva de que se podría aumentar significativamente la seguridad vial de los ciudadanos, en mi reflexión, he llegado a la conclusión de que en las carreteras españolas es necesario la instalación, además de los sistemas existentes, de tres detectores del comportamiento de los conductores, que podrían denominarse: “GILIPOLLIMETROS”, “CABRONÍMETROS” y con reserva de las santas madres, algún “HIJOPUTÍMETRO”. Creo que este tipo de controles adicionales aumentarían, además de la seguridad vial, los ingresos actuales “Sacapasta”; y se me ocurre, así, a "botepronto": C) Ahora se puede considerar el beneficio, gozo y bienestar de la sociedad, cuando pudieran comprobar otra circunstancia que al ciudadano normal le pone un cierto grado de “mala leche;” como es el caso de aquellos infractores veloces que por ser quienes son, no pagan las multas. Esta circunstancia quedaría en cierto modo olvidada, y el ciudadano normal sería feliz teniendo en cuenta el contra valor objetivo de estos nuevos instrumentos aquí propuestos; porque cuando llegara a producirse alguno de estos casos, ¿podremos imaginarnos el grado de complacencia y paz espiritual de los ciudadanos normales y buenos (que son la mayoría), cuando piensen y tengan la convicción, que aunque se anule la sanción pecuniaria, siempre quedará la denominación, es decir, la “divisa del por qué” se ha sancionado a Don Fulano de Tal? ¿Quién?, si, ese que se pasea por los pasillos de tal sitio, con cara de saberlo todo y va tan tieso que a poco que se descuide va ha dar con el cogote en el suelo. ¿No dará regocijo al ciudadano, indefenso ante otros poderes, que aunque el infractor sea pecuniariamente exonerado, siempre quedará palpable la objetiva denominación, y al menos el cachondeo correspondiente? ¡Pues eso! Venga “sacapasta” a darle al coco, que la idea está lanzada. |