Reflexiones de un ciudadano: 006-LCEC-30-06-2010
“¿El caballo voló?”

             En el reciente pasado, algunas personas mayores conocimos El Franquismo, después La Transición y, más tarde, vamos conociendo La Democracia. Hemos sido una generación que ha trabajado mucho y duro, así que, por favor, no nos cuenten milongas.
            En la Democracia Española, se han conocido algunos comportamientos indeseables de determinados personajes aparecidos a la sombra del Poder.
            En la época del Socialismo Felipista, ¿verdad que recordamos aquello de: “el henmano de mi henmano”, “los cafelitos en despachos fantasmas”, “el robo y otras lindezas llevadas a cabo por todo un Director General de La Guardia Civil?”    Y cuántos escándalos más, con los que nos desayunábamos cada mañana los españoles de bien.  
            ¿Qué decir de aquellos políticos que, como “palomos ladrones”, sacaban pechuga y estiraban la cola caracoleando, presumiendo de haber estado como inquilinos en las cárceles franquistas? El tiempo a todos los pone en su sitio, puesto que, alguno que otro de aquellos arrogantes presumidos, volvieron a ser inquilinos de las prisiones; pero esta vez de las democráticas. Por algo sería.
            ¿Quién no recuerda aquello del Mister X, del que hablaban determinados medios de comunicación y que nunca fue descubierto? La Democracia suspendió en matemáticas al no poder despejar aquella incógnita. En definitiva, se pasó página.
            Desde hace unos meses, los ciudadanos en general, y este ciudadano que reflexiona en particular, estamos siendo informados de nuevas corrupciones y presuntas canalladas políticas. Sin ir más lejos, nos dicen algo sobre un “Caso Faisán” y otras presuntas corruptelas, que, a diestra y a siniestra, abarcan un amplio abanico político. Últimamente, incluso está en entredicho la tercera autoridad de este Estado llamado Democrático y de Derecho.                    
            Al principio, todos niegan las acusaciones, además, siempre queda el recurso de volver a pasar página y todos contentos durante una temporada; es decir, hasta la próxima.
            ¿Es que ahora volvemos otra vez? ¿Cuántas páginas tendrá que pasar el Pueblo Español pensando y creyendo en eso de los cien años de honradez? Por uebos, esta situación tendrá que cambiar.
            Al hilo de lo anterior, es decir, la forma de vivir en opíparos pesebres a costa de las mentiras más despreciable, solamente creíbles por determinados necios que se encuentran cargados hasta rebosar de vanidad y soberbia, mira por donde, este ciudadano que reflexiona, acaba de recordar una historia que le contaron cuando era niño.
            La historia, más o menos es la siguiente:

            “Hace mucho tiempo había un País en el que reinaba un Sultán  que se llamaba Mâlik Maske-Mamôn. Era un personaje muy religioso y con apariencia de buena persona.
            Sus cuadras reales gozaban de gran prestigio y en ellas habitaba  un caballo de pura raza  que hacía las delicias de Maske-Mamôn.
            Sin embargo, el sultán Malîk no estaba totalmente satisfecho y en sus oraciones pedía  al Todo Poderoso que su caballo aprendiese a volar.
            Enterado el sultán Maske-Mamôn de que en su reino vivía un sabio llamado Alîm, lo mandó llamar, y una vez que el sabio Alîm estuvo en presencia del Sultán, éste le dijo:
    ¬Alîm, hasta mí ha llegado tu fama por los prodigios que logras con tu sabiduría, mas no estoy seguro de que sea verdad y por este motivo te voy a poner a prueba: si logras que mi caballo Rayo aprenda a volar, te colmaré de riquezas, pero si no lo haces, serás considerado un farsante, te mandaré al verdugo y sentirás en tu cuello el filo de la hoja de su cimitarra.
            Al oír estas palabras del sultán Maske-Mamôn, Alîm guardo silencio unos momentos y al cabo de este tiempo respondió:
    ¬Mi señor Mâske-Mamôn, puedo cumplir tu deseo, pero necesito tiempo para adiestrar al caballo dedicándome exclusivamente a él, por lo que tendré que desatender otras ocupaciones que me permiten ganarme el sustento de cada día y aunque mi forma de vivir es muy humilde, sin embargo es una necesidad de la que no puedo prescindir.     
            Al escuchar las palabras de Alîm, el Sultán le contestó:
    ¬No te preocupes, que mientras dure el aprendizaje de Rayo, vivirás en un palacio y tendrás todo lo que desees; pero ahora dime Alîm: ¿Cuánto tiempo necesitas para que mi caballo aprenda a volar? 
     ¬ Cuatro años mi Señor. 
    ¬ Sea como dices, Alîm, dentro de cuatro años  volaré con mi caballo y, si no es así, te mandare al verdugo. Se despidió el sabio Alîm, que regresó a su casa y comenzó los preparativos para vivir en el palacio que le había ofrecido el Sultán y disfrutar de las riquezas también prometidas.
            El sabio Alîm tenía un buen amigo y colaborador llamado Anîs, y mientras preparaba su traslado al palacio, le contó lo acontecido con el sultán Malîk Maske-Mamôn. Al oír la historia de su amigo, Anîs empezó a llorar diciendo:
     ¬¡Ay! mi buen amigo y sabio Alîm, tú, mejor que nadie, sabes que es imposible enseñar a volar al caballo, te espera la muerte a manos del verdugo cuando se cumpla el plazo de cuatro años. No deberías haber engañado al Sultán.
    ¬Te equivocas amigo Anîs, ¬ replicó el sabio Alîm ¬ he obrado con cordura a pesar de estar convencido de que un caballo no puede volar, pero fíjate que si esto se lo digo hoy al Sultán, ya no tendría la cabeza sobre los hombros y ahora si que llorarías mi muerte. ¬Y siguió hablando el sabio¬ De momento y gracias a mi mentira, en los próximos cuatro años podré vivir con tantas riquezas y placeres como nunca había soñado. Después, ¿Quién sabe lo que puede suceder?
¬ Tampoco desprecies la idea, amigo Anîs, de que al poseer riquezas aumentaría mi poder, y dentro de cuatro años estaría en posición más ventajosa frente al Sultán, para obtener otros cuatro años de mentira y enriquecimiento, por lo que ya estaríamos contando ocho años de vida opulenta. Por último amigo Anîs:
¿Quién puede asegurar que en estos años, no le crecen alas al maldito caballo y aprende a volar?

Nota del ciudadano que ha reflexionado. Significado de los nombres árabes que aparecen en el artículo:
Alîm         ---------------------  Sabio
Anîs          --------------------- Amigo íntimo
Malîk        --------------------- Amo, Rey, Ángel
Maske-Mamôn --------------- Invención del “ciudadano que reflexiona”
Rayo --------------------------- Invención del “ciudadano que reflexiona”  

 

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