En el reciente pasado, algunas personas mayores conocimos El Franquismo, después La Transición y, más tarde, vamos conociendo La Democracia. Hemos sido una generación que ha trabajado mucho y duro, así que, por favor, no nos cuenten milongas.
En la Democracia Española, se han conocido algunos comportamientos indeseables de determinados personajes aparecidos a la sombra del Poder.
En la época del Socialismo Felipista, ¿verdad que recordamos aquello de: “el henmano de mi henmano”, “los cafelitos en despachos fantasmas”, “el robo y otras lindezas llevadas a cabo por todo un Director General de La Guardia Civil?” Y cuántos escándalos más, con los que nos desayunábamos cada mañana los españoles de bien.
¿Qué decir de aquellos políticos que, como “palomos ladrones”, sacaban pechuga y estiraban la cola caracoleando, presumiendo de haber estado como inquilinos en las cárceles franquistas? El tiempo a todos los pone en su sitio, puesto que, alguno que otro de aquellos arrogantes presumidos, volvieron a ser inquilinos de las prisiones; pero esta vez de las democráticas. Por algo sería.
¿Quién no recuerda aquello del Mister X, del que hablaban determinados medios de comunicación y que nunca fue descubierto? La Democracia suspendió en matemáticas al no poder despejar aquella incógnita. En definitiva, se pasó página.
Desde hace unos meses, los ciudadanos en general, y este ciudadano que reflexiona en particular, estamos siendo informados de nuevas corrupciones y presuntas canalladas políticas. Sin ir más lejos, nos dicen algo sobre un “Caso Faisán” y otras presuntas corruptelas, que, a diestra y a siniestra, abarcan un amplio abanico político. Últimamente, incluso está en entredicho la tercera autoridad de este Estado llamado Democrático y de Derecho.
Al principio, todos niegan las acusaciones, además, siempre queda el recurso de volver a pasar página y todos contentos durante una temporada; es decir, hasta la próxima.
¿Es que ahora volvemos otra vez? ¿Cuántas páginas tendrá que pasar el Pueblo Español pensando y creyendo en eso de los cien años de honradez? Por uebos, esta situación tendrá que cambiar.
Al hilo de lo anterior, es decir, la forma de vivir en opíparos pesebres a costa de las mentiras más despreciable, solamente creíbles por determinados necios que se encuentran cargados hasta rebosar de vanidad y soberbia, mira por donde, este ciudadano que reflexiona, acaba de recordar una historia que le contaron cuando era niño.
La historia, más o menos es la siguiente:
“Hace mucho tiempo había un País en el que reinaba un Sultán que se llamaba Mâlik Maske-Mamôn. Era un personaje muy religioso y con apariencia de buena persona.
Sus cuadras reales gozaban de gran prestigio y en ellas habitaba un caballo de pura raza que hacía las delicias de Maske-Mamôn.
Sin embargo, el sultán Malîk no estaba totalmente satisfecho y en sus oraciones pedía al Todo Poderoso que su caballo aprendiese a volar.
Enterado el sultán Maske-Mamôn de que en su reino vivía un sabio llamado Alîm, lo mandó llamar, y una vez que el sabio Alîm estuvo en presencia del Sultán, éste le dijo:
¬Alîm, hasta mí ha llegado tu fama por los prodigios que logras con tu sabiduría, mas no estoy seguro de que sea verdad y por este motivo te voy a poner a prueba: si logras que mi caballo Rayo aprenda a volar, te colmaré de riquezas, pero si no lo haces, serás considerado un farsante, te mandaré al verdugo y sentirás en tu cuello el filo de la hoja de su cimitarra.
Al oír estas palabras del sultán Maske-Mamôn, Alîm guardo silencio unos momentos y al cabo de este tiempo respondió:
¬Mi señor Mâske-Mamôn, puedo cumplir tu deseo, pero necesito tiempo para adiestrar al caballo dedicándome exclusivamente a él, por lo que tendré que desatender otras ocupaciones que me permiten ganarme el sustento de cada día y aunque mi forma de vivir es muy humilde, sin embargo es una necesidad de la que no puedo prescindir.
Al escuchar las palabras de Alîm, el Sultán le contestó:
¬No te preocupes, que mientras dure el aprendizaje de Rayo, vivirás en un palacio y tendrás todo lo que desees; pero ahora dime Alîm: ¿Cuánto tiempo necesitas para que mi caballo aprenda a volar?
¬ Cuatro años mi Señor.
¬ Sea como dices, Alîm, dentro de cuatro años volaré con mi caballo y, si no es así, te mandare al verdugo. Se despidió el sabio Alîm, que regresó a su casa y comenzó los preparativos para vivir en el palacio que le había ofrecido el Sultán y disfrutar de las riquezas también prometidas.
El sabio Alîm tenía un buen amigo y colaborador llamado Anîs, y mientras preparaba su traslado al palacio, le contó lo acontecido con el sultán Malîk Maske-Mamôn. Al oír la historia de su amigo, Anîs empezó a llorar diciendo:
¬¡Ay! mi buen amigo y sabio Alîm, tú, mejor que nadie, sabes que es imposible enseñar a volar al caballo, te espera la muerte a manos del verdugo cuando se cumpla el plazo de cuatro años. No deberías haber engañado al Sultán.
¬Te equivocas amigo Anîs, ¬ replicó el sabio Alîm ¬ he obrado con cordura a pesar de estar convencido de que un caballo no puede volar, pero fíjate que si esto se lo digo hoy al Sultán, ya no tendría la cabeza sobre los hombros y ahora si que llorarías mi muerte. ¬Y siguió hablando el sabio¬ De momento y gracias a mi mentira, en los próximos cuatro años podré vivir con tantas riquezas y placeres como nunca había soñado. Después, ¿Quién sabe lo que puede suceder?
¬ Tampoco desprecies la idea, amigo Anîs, de que al poseer riquezas aumentaría mi poder, y dentro de cuatro años estaría en posición más ventajosa frente al Sultán, para obtener otros cuatro años de mentira y enriquecimiento, por lo que ya estaríamos contando ocho años de vida opulenta. Por último amigo Anîs:
¿Quién puede asegurar que en estos años, no le crecen alas al maldito caballo y aprende a volar?
Nota del ciudadano que ha reflexionado. Significado de los nombres árabes que aparecen en el artículo:
Alîm --------------------- Sabio
Anîs --------------------- Amigo íntimo
Malîk --------------------- Amo, Rey, Ángel
Maske-Mamôn --------------- Invención del “ciudadano que reflexiona”
Rayo --------------------------- Invención del “ciudadano que reflexiona” |